miércoles, 3 de septiembre de 2014

Placeres Discretos

Hay ciertas cosas que me matan...

 El olor a café de cafetera por la mañana... El suave movimiento de las nubes por un cielo azul en un día de primavera... El humo de un cigarro que se deshace al resguardo de la lluvia... El andar sereno del agua en la superficie de un lago tranquilo en una fría mañana de verano... El ondular de las llamas, siempre tan absorbente e hipnótico, en una chimenea... Las sombras que pasan fugaces al interior de un vehículo por sobre sus pasajeros. Los tejidos demasiado suaves y afelpados que invitan a mis manos a tocarlo todo, como si poseyera ojos en las yemas de los dedos...La calidez de otra piel que roza con la mía...

La vida está llena de esos placeres sencillos. Siempre te lo recuerdan, pero que fácil se olvida. Esos placeres discretos, como yo los llamo. Es una frase repetida que suena cada vez que la situación se enfrenta. Es un orgasmo pequeño en la cotidianidad del día. Es la esperanza de encontrar a alguien que comparta esa emoción y que se transforme en tu alma gemela.

Para mí es un instante de alienación. Mi vida transcurre como en un filme y le tengo armada ya la lista de reproducción. Puedo cerrar los ojos y ser quien quiera ser el día de hoy. Y cuando ocurre alguno de estos placeres discretos me quedo pegada... Mejor que cualquier droga. Y ver como ese sueño que tenía se hace realidad. Y entonces la realidad se hace sueño...

Debemos detenernos, reconocer lo que nos gusta. Guardarnos con una sonrisa para adentro ese delicioso instante en que el mundo nos regaló un sencillo y diminuto placer, pero que podemos hacer eterno.



Atte
Mei

jueves, 28 de agosto de 2014

Fragmentos de mi Diario

... Supongo que es así. Hay quienes viven su vida haciendo lo que no les gusta. Otros también viven así, creyendo que lo hacen para alcanzar algo que sí quieren, pero saben que en el fondo no lo lograrán; o incluso, si es que lo logran, habrán perdido algo muy valioso en el camino.

Sin embargo, hay algunos que sí viven según sus propias reglas. ¿Serán más felices? No lo sé. Pero sí son los más libres. Son como tornados que circulan a través de las vidas de los demás. Nadie sabe de donde vienen, surgen de pronto, dejan un caos a su paso y luego se desvanecen. No siempre son aceptados. Generalmente causan mucho daño, o así dicen, porque sus parámetros no son los mismos que los de los demás. Son vistos como egoístas.

Yo los veo como guerreros. Intentan bajo todas las formas de resistir y devolver el golpe a la monotonía de la vida. La guerra es terrible, pero es bella. Así también son los guerreros. Hay algo épico, heróico y trágico en ello. Y algo increíblemente incorrecto.

(...)

Cada día creo más en que la vida es demasiado corta y no sé si haya más de una, pero sí sé que ésta es la única que conozco, la única que recuerdo. Y puedo transitar por ella como quien viaja en un bus con las persianas cerradas, pensando en llegar pronto a su destino, o puedo ser como un mochilero aventurero que "hace dedo" y que aprovecha cada momento de "estar perdido" como una oportunidad, un viaje nuevo. Su viaje nunca termina porque no hay destino, ellos nunca están perdidos. La vida es un viaje.

Yo quisiera ser nómade, poderme marchar con el viento. Mi maleta siempre ligera lleva sólo lo esencial. Lo más valioso que poseo no puede apartarse de mí: mis recuerdos, mis ideas, mis sentimientos. El día en que eso suceda dejaría de ser yo y ese día entonces mi viaje habrá por fin terminado.

Pero no sé si sea capaz.

¿Por qué quiero lo que quiero?
Tal vez porque es justamente lo que no poseo:

Soy sedentaria y no soy ángel ni demonio. Mi mochila es pesada. Estoy llena de posesiones que no significan nada para mí. Quiero volar como otros lo hacen porque yo no lo sé hacer. Quiero sentir como otros lo hacen porque tengo dudas sobre lo que pienso. Quiero ser como los otros porque no sé quien soy. Tengo miedo de descubrirlo. ¿Quién soy? ¿Quién quiero ser?


Atte
Mei

miércoles, 6 de agosto de 2014

La Casa de mis Abuelos

He querido escribir esta entrada desde hace mucho, pero lo había dilatado. Lo más probable es que fuera porque no sabía muy bien como abordarla. Quizás por primera vez las palabras me queden cortas para todo lo que me gustaría decir...

Soy una persona a la que le encanta la fantasía medieval... Delirio con esas historias tipo el Hobbit, donde llegan estos enanos queriendo retomar este antiguo reino bajo la montaña, ya que entre ellos esta el verdadero heredero... Claro, estas historias suenan fantásticas al estar llenas de criaturas mágicas, batallas épicas, etc... Pero lo cierto es que también conllevan historias muy humanas, muy reales. Aquellas que tratan sobre la amistad y el amor, probablemente son fáciles de entender. Pero hay otras... Creo que no fue hasta que pusimos en venta la casa de mis abuelos que entendí lo que se siente eso. Sentir que toda tu historia, tus recuerdos, se aferran tanto a un lugar, pero no sólo tú, son todos los que te precedieron: varias generaciones se criaron y formaron en ese espacio. Y ahora no puedes regresar a él. Si pudiera, yo misma armaría un ejército para retomar esa casa, ese castillo emocional que es para mí, pero no, este no es un enemigo al que hay que derrotar, es sólo la vida con sus muchas vueltas... 

Esa casa la construyó mi abuela. Era arquitecta. Y probablemente fue su única obra (que yo sepa), ya que después se dedicó al hogar y a criar a sus cuatro hijos. Ahí creció mi madre. Y fue también mi segunda casa. Pasaba todas mis vacaciones ahí, y durante el resto del año la reunión familiar de los domingos era casi sagrada. Después de clases también me daba alguna vueltecilla. Hasta muchos de mis amigos terminaron conociendo aquella casa.

No tiene sentido que intente describir lo que era para mí, o los infinitos recuerdos que poseo, son demasiados. Como dije en un principio, las palabras mismas no me bastarían. Todos los juegos que realicé, la imaginación que despertó en mí, como me acompañó en los cambios de mi vida a medida que fui madurando... Sólo por mencionar algunas cosas, recuerdo como me escondía en el clóset a jugar entre las antiguas ropas de mi mamá, o el olor a polvo de la alfombra en la habitación de mi abuela cuando me recostaba bajo la cama, buscando soledad. El aroma a jabón de los cajones. Y como me enamoré perdidamente de las sombras que dibujaban en movimiento las luces de los autos a través de las persianas de mi pieza, en la oscuridad de la noche. Recuerdo la vista desde mi alcoba hacia la calle 6 Norte. Era infinita, inclusive se veían los fuegos artificiales de Año Nuevo cuando la modernidad aún no nublaba el cielo viñamarino con edificios tipo oblea. En las noches de invierno las enorme hojas de los árboles se volvían naranjas y bajaba una neblina que se arremolinaba sobre los adoquines de calle Quillota... Se me hacía como viajar hacia una historia de terror londinense. En primavera era distinto, primero te recibía el jazmín de la reja, después la flor de la pluma que subía hasta el balcón del segundo piso y luego seguía subiendo por el cable, el poste, el árbol hasta el infinito. Por último las fresias blancas perfumaban el ambiente y esto se prolongaba hasta el living, donde mi abuela siempre colocaba un ramillito. Con ella aprendí tanto de flores como con mi madre: las camelias, la orquídea, los clarines, las rosas... Siempre estuvieron ahí con ella. Su favorita: la rosa Double Delight. Otros días era diferente y la brisa marina arrastraba hasta aquella casa los aromas de la playa. En el patio trasero la piscina recubierta de azulejos azules se me hacía como un gran computador en el cual podía sumergirme mientras que mi abuelo siempre me decía: "¡Entra de piquero!" Ahí crecía el limonero más grande que jamás haya visto, me encantaba subirme ahí a pesar de las amenazas de quebrarme algo. Con sus frutos él siempre me regalaba una limonada. Así, en fin, encontraría mil recuerdos, de cada habitación, de cada etapa de mi vida, de cada estación climática.

Pero esa casa además era perfecta. Estaba tan bien pensada. Ahora con ojos de adulto también lloro por el potencial de esa casa. Cuánto daría por vivir en una casa así, con esas habitaciones, esos clósets, todo tan bien distribuido. Sólo puedo soñar con aprender de esas lecciones para algún día lograr concretar algo parecido. Pero en mi mente siempre seguirá brillando ese recuerdo que ya se ha instalado en mí como mi casa ideal.

Lo peor de todo quizás sea la razón de la venta. Mis abuelos siguen vivos, pero su edad ya es muy avanzada y no son los que solían ser. Siento que con la casa poco a poco los he ido perdiendo a ellos también. Verlos día a día, ahora que viven conmigo, me ha hecho reflexionar muchísimo. Sobre la vida misma, sobre los ciclos y sobre como la sociedad en la que vivimos definitivamente no está preparada para convivir, para tratar con la gente mayor. La mayoría de esos pensamientos son tristes...

Una vez escuché que la gente de no sé donde siempre dejaba prendida una vela en la ventana para ayudar a guiar las almas perdidas de regreso a donde les corresponde. Y es curioso porque siempre que pasábamos por afuera de la casa de mis abuelos podíamos ver la luz del escritorio, donde más les gustaba pasar el día, encendida. Sabíamos que estaban aún despiertos, más tarde les llamaríamos y sabríamos que estaban bien, conversaríamos de las cosas que hubiesen acontecido en el día... Ahora ya no es así. Vendimos la casa y la desnudaron por completo. No hay una sola flor o planta siquiera en aquel jardín. Ya no hay una luz en aquella ventana. Y me doy cuenta de que ahora es nuestro turno. Ahora somos nosotros quienes debemos dejar esa luz prendida, ya sea en la ventana o en nuestros corazones. Quizás algún día ellos ya no estén aquí y así como hemos perdido esa casa los perderemos también a ellos, así como hemos ido perdiendo poco a poco sus recuerdos, su identidad... Las cosas por sí solas no nos sirven, son las emociones atadas a ellas las que las hacen valiosas. Y son esas emociones las que debemos tener prendidas, iluminándonos. Como esa luz en la ventana, que sean un faro en nuestras vidas... Saber de donde venimos y a donde queremos ir y no olvidar las lecciones más importantes de la vida. Después de todo, mi abuelo era marino y sabía guiarse por ese tipo de luces...


Esta foto la tomamos el último día antes de entregar la casa. Estamos mi mamá, yo y mi hijo. Existe una foto sumamente parecida en el mismo frontis de la casa, donde aparece mi abuela con sus hijos. Mi mamá tendría la edad del Rafa. Bueno, la vida continúa, ¿no?

Atte
Mei

martes, 15 de julio de 2014

¡¡¡¡Vacaciones!!!!

Sorry, chicos, por haber estado tan desaparecida. El ModoFinDeSemestre fue a full... Y luego, pues bueno, parten las vacaciones y uno intenta (INTENTA) desconectarse de todo. A mí no me funcionó tanto porque fue más bien del tipo: ¡Sí! ¡Vacaciones! ¡Ahora tengo más tiempo para trabajar! (Ohhh....) Y desde entonces he estado haciendo todo lo que tenía pendiente... No sé si alcance a ponerme al día con todo, tan sólo son dos semanas... Peeeeeero... No los pienso dejar botados. Ahora sí, continuaré subiendo cosillas tan seguido como pueda. Por ahora voy bien, al menos, con mis metas para estas vacaciones. Sí, así es, ¡metas! Porque uno siempre debería fijarse metas sencillas. Cosas a corto plazo. Que reflejen las cosas que uno realmente quiere hacer. A veces soñamos mucho (o nos quejamos demasiado), pero hacemos poco. Fijarse metas sencillas ayudan a que uno concrete más y sienta que avanza hacia lo que uno realmente quiere hacer, hacia sentirse pleno. Si no se logran, no pasa nada... No hay castigos ni premios. La vida es así, simplemente sucede... Aquí algunas de las mías:

-Pintar un cuadro -> check! (sólo falta barnizarlo)
-Leer un libro -> check! (Vamos por la mitad)
-Dibujar más! -> Más o menos... Dibujé para el cuadro, pero quiero seguir en eso...
-Terminar mi vestido medieval -> Bueno, lo estaba dejando para esta semana... jejeje...
-Dedicarme más al baile -> Check! Sobre todo porque han salido cosas interesantes...
-Cumplir con la agenda social... -> Uf, sí, me ha venido a ver harta gente (y saben que me cuesta salir) Pero estoy tratando de retomar contacto con esa gente querida que uno suele dejar de lado durante todo el año por culpa de la pega... (No me miren así, a todos les pasa ¬¬)
-Trabajar -> Check! Pues no queda de otra... 

Y... Lo más importante: Escribir!!!! Para eso estamos... Intento seguir mi historia (No daré spoilers!!!!) Y me meto de lleno en el Blog. Así que no se despeguen de sus pantallas porque seguimos posteando.
Antes de irme les dejo un pensamiento para que este semana que comenzó ayer, parta con mucha fuerza y energías positivas:



"Usa todo lo negativo y quémalo,
quémalo todo.
Que sea el combustible que prenda tu fuego interno,
que haga arder la llama de tu luz interior
y te permita alcanzar tus metas."


Atte
Mei

miércoles, 18 de junio de 2014

Poema

Disculpen la poca actividad en el Blog. Así como muchos andan en "Modo Mundial" yo ando en "Modo Fin De Semestre" lo cual se traduce en mucho qué hacer y poco tiempo. Pero para que no se sientan tan solitos, aquí los dejo con un poema. En realidad era algo viejito, pero le hice algunos cambios. Creo que quedó mejor así. Ojalá les guste.

Conquista

Sé mi rey.
Libre de todo halo,
cae en pecado.
Dame la pena capital.
Sé mi rey.
Libre de toda esperanza.
Clávame tu corona de espinas,
directo en el corazón.
Deja que los cuerpos ardan.
Antes que todas tus lágrimas
repletas de misericordia
me brinden absolución:
piérdeme, absolutamente...


Lady Gray


martes, 10 de junio de 2014

Memento Mori

El año pasado tuve un ramo en la universidad que se llamaba Taller de Escritura. De ahí surgió este proyecto de crear un librito, un prototipo de libro... Y bueno, en mi caso, el resultado final fue Memento Mori. Una compilación de relatos breves, de carácter libre y algo ecléctico, cuyo núcleo era distintas formas de aproximarse al tema de la Muerte. Para esto me valí de entrevistas a distintas personas que trabajan directamente relacionadas al tema. Y otras investigaciones que realicé por ahí. Quizás, desde un punto de vista literario, aún le falta bastante. Hay algunos cuentos que, creo, quedaron mejor que otros. Sin embargo estoy tan orgullosa que he decidido compartirlo hoy aquí con ustedes. Como el trabajo posee además una edición y una ilustración (toda hecha por mí), preferí compartirlo a modo de PDF desde un portal que permite, justamente, compartir este tipo de publicaciones. Además, así pueden verlo en formato original, tipo libro. Para hacerlo nada más deben entrar a este link.


La invitación queda hecha. Ojalá les guste. ¡Saludos!



Atte
Mei

miércoles, 4 de junio de 2014

Días Lluviosos

Lo confieso, me encanta la lluvia. 

Claro, soy mortal. No me gusta estar toda mojada y muerta de frío si tengo que, por ejemplo, quedarme el resto del día en clases... Pero si puedo salir a caminar bajo la lluvia en compañía de la persona que amo, les digo... No hay película que logre captar ese sentimiento. La manera en que el pelo atrapa las gotitas del cielo, el modo en que las ondas de agua distorsionan el pavimento... No hay nada que me guste más que pasear cerca de la costa con un viento de temporal. Contemplar las aves buscar refugio. Inflar mis pulmones con ese aire fresco, puro, rejuvenecedor... De alguna u otra forma siempre he sentido que la lluvia es capaz de purificar no sólo la tierra, limpiando cada hoja, flor o capa de smog... Sino que también purifica el alma. Es como si el mundo llorara por mí, dejando al partir un cielo azulado y un sol brillante. Con esos ríos desbordados se van además mis penas, mis dudas y mis temores...

Otra cosa que me encanta es quedarme encerrada en mi casita viendo como llueve por la ventana. Con un buena taza de té o, para hacer aún más perfecto el momento, chocolate caliente... Un buen libro (o un computador donde escribirlo) y una mantita. Me coloco en el living junto a la chimenea, bien calentita, a disfrutar. O también me quedo en cama viendo alguna película. ¿Quién pudiera negar que aquel es el paraíso?

Debe ser porque me trae tan buenos recuerdos. Vienen a mi memoria los días sábado en que mi papá venía de visita cuando yo era muy pequeña. Mi mamá me hacía levantar temprano y me bañaba y luego me vestía cerca de la chimenea para que no me enfriase. Ese aroma a leña, el pelo mojado y la música de Vivaldi a todo volumen en un cálido ambiente familiar... Hasta el día de hoy asocio el invierno con la música Barroca (No sólo porque Vivaldi tocase Las Cuatro Estaciones).

Entiendo a la gente que no le guste la lluvia. Especialmente si deben trabajar todo el día expuestos al frío y a la humedad. O si debido a su condición, su salud, su casa y sus pertenencias están en riesgo. Es una condición que hemos heredado de la antigüedad. Es por eso que sin pensar hablamos de "mal" clima. Todos los climas son buenos, son cíclicos y necesarios. Sin embargo nos transporta a esos orígenes donde el invierno significaba muerte, hambre y enfermedad. A veces no vemos cuanto hemos avanzado desde entonces. Es cierto, aún queda mucho. Pero también no olvidar que en aquellos tiempos la vida se relacionaba tan estrechamente con la naturaleza que la sentíamos con todo el cuerpo. Hoy en día el hombre se ha olvidado de mirar las estrellas. De sentir aquel aroma a tierra húmeda. Ya no se detiene a contemplar el verde brote de una hoja en una rama y entiende que con ello renacen también las esperanzas. El invierno se acabará, le seguirá la primavera y con ella las abundancias...

Existe una avenida llena de enormes plátanos orientales donde se encuentra mi universidad. Hago ese camino muy seguido. Me encanta que, justamente, cuando camino por ahí soy consciente del paso del tiempo. De la estación del año. Y de la vida del mundo.

De igual modo soy feliz cuando llueve. Entiendo que es parte del ciclo del agua, del ciclo de la vida, de nuestro propio ciclo. Y así como el invierno, puede significar tanto un momento de detención y recogimiento, como un momento de liberación. 

Y hoy, al igual que siempre, tras una noche de tormenta, ha salido nuevamente el sol. La vida resurge. Mi vida vuelve a encaminarse.


Atte
Mei